
En esos tiempos, el territorio estaba dentro de un virreinato y bajo las órdenes
de un rey. El rey de España, para ser más específicos, Fernando VIII.
Cuatrocientos años atrás, en aquel entonces, él tenía bajo su mando todo el
continente sudamericano. Sin embargo, Fernando no estaba allí para
simplemente cuidar la tierra y su poder sobre ella, no, para esas tareas había
nombrado a un hombre con el cargo de virrey, que era quien indicaba qué se
podía hacer y qué no, dictaba muchas de las normas que regían en aquel
momento. Mientras el rey Fernando tuvo el poder en sus manos todos los
habitantes de esta tierra tenían que someterse a sus órdenes, pero cada vez
había más hombres y mujeres descontentos con esa situación.
Un día, llegaron ejércitos de otro país y se quedaron con las tierras del rey y lo
tomaron como su prisionero.
Gracias a la caída del Rey, muchas personas comenzaron a asustarse y otras,
quienes sentían el territorio como propio decidieron ser protagonistas de la
Historia y cambiar todo aquello que no les gustaba. Se reunieron para ver cómo
podían tomar la tierra bajo su poder y dictar las reglas que a ellos les gustaran.
Dejar de ser parte de un reino que no les era propio.
Un viernes 18 de Mayo, el virrey Cisneros hizo leer por los pregoneros una
proclama, donde pedía lealtad a España y que a falta de Gobierno, sería él
quien tomaría el poder. La situación del Virrey era muy complicada. La Junta
que lo había nombrado virrey había desaparecido y su mandato era
cuestionado. Esto aceleró las condiciones favorables para la acción de los
patriotas que se venían reuniendo desde hacía tiempo en forma secreta en la
jabonería de Vieytes. La misma noche del 18, los jóvenes revolucionarios se
reunieron en la casa de Rodríguez Peña y decidieron exigirle al virrey la
convocatoria a un Cabildo Abierto para tratar la situación en que quedaba el
virreinato después de los hechos de España.
El Domingo 20, El virrey recibe a funcionarios del Cabildo, jefes militares y
criollos, con quienes trata la convocatoria del Cabildo Abierto y la mañana del
Lunes 21 se reunió el Cabildo, como habitualmente, para tratar los temas de
la ciudad. Sin embargo, la Plaza de la Victoria estaba ocupada por unos 600
hombres armados de pistolas y puñales. Estos pedían a gritos hacer el
Cabildo Abierto de una buena vez y el Martes 22, después de largas
discusiones, se decide que el Virrey cese su mano.
Pero las cosas todavía no estaban arregladas, por que el Miércoles 23 el Cabildo
vuelve a formar un Junta de Gobierno y Cisneros fue como presidente de esta, la
gente, para el día Jueves 24, mostraba un gran descontento al darse cuenta de
que el Cabildo había decidido que Cisneros continuara en el mando. Ese mismo
día, todos los miembros de la primera Junta renunciaron. La Junta quedó
disuelta y se convocó nuevamente al Cabildo para la mañana siguiente.
25 de mayo de 1810, grupos de vecinos y militares se fueron juntando frente al
cabildo a la espera de definiciones. Algunos llevaban en sus pechos cintitas
azules y blancas, que eran los colores que los patricios habían usado durante las
invasiones inglesas. Pasaban las horas, hacía frío, llovía, pero las discusiones
aún seguían. Poco después se anunció finalmente que se había formado una
nueva junta de gobierno. El presidente era Cornelio Saavedra, los doctores
Mariano Moreno y Juan José Paso, eran sus secretarios y fueron designados seis
vocales: Manuel Belgrano, Juan José Castelli, el militar Miguel de Azcuénaga, el
sacerdote Manuel Alberti y los comerciantes Juan Larrea y Domingo Matheu.
Se tomó una semana, llena de peleas, discusiones, de gente fuerte que
buscaban un pueblo independiente, una semana para que comience una nueva
etapa de la historia argentina.